Exposiciones Personales

Palabras de Fusteren su exposición.

Nací en Caibarién bajo la luna de un agosto hace hoy cincuenta y ocho años y trescientos sesenta y cuatro días con sus tardes y sus noches… un día me eché a nadar y llegué hasta Santa Fe, más tarde a Jaimanitas, y allí, como ya muchos saben, planté bandera.

Pero no se asusten, no voy a contarles mi vida, sería largo y aburrido, aunque sí quisiera evocar, en palabras breves, algunos momentos que rayaron mi existencia: como fue mi paso por el Comodoro, la Escuela de Instructores de Arte en la que conocí a García Peña, a Choco, a Buchillón, a Picasso, a Gaudí, a Miró y a muchos otros; y aquellos azarosos días en que me fui a la loma a enseñar, y descubrí mis guajiros, mis gallos, el son y las palmeras, esos que inspiraron después mi mundo, no sé si real o imaginario, de color y barro, de cemento, ladrillo y arena, ese mundo que entre suertes, delicias y avatares, crece como crece mi alma.

La idea de exhibir una pequeña muestra de este mundo mío, que hemos titulado UN DIA DIOS APARTO LAS NUBES…, surgió cuando mi hermano Roberto Chile filmaba su documental Fúster, guajiro de costa allá por Jaimanitas. Traer una parte de mi entorno, sin envolturas ni disfraces, a este prestigioso rincón de nuestro arte, ha sido un reto, reto que asumí con el inevitable susto de la creación y estos tremendos deseos de vivir.

Mi oficio no es el de la palabra, es el de mis manos. Entonces que mis esculturas y mis collages digan por mí. Así soy como son ellos. Sus colores son los de mi alma. Si a alguien le parecen demasiado, es porque no lleva dentro mis vuelos y esperanzas. Mi inspiración es la vida. Mi mensaje es de paz y humanidad. Mis señales son de humo. Nada escondo porque nada temo. Soy de todo el que me quiere y así los quiero a todos.

Los invito entonces a recorrer este pedazo de Jaimanitas que he traído hasta aquí con la ayuda de mis imprescindibles, esos que me acompañan en cuanta aventura y sin los cuales buena parte de mi obra quedaría en el sueño. Gracias a Rafael, a Virginia y demás compañeros del Consejo por abrirme las puertas de este espacio y hacer realidad este encuentro. Gracias a mi familia, en especial a mi hijo Alex, a mis entrañables amigos y hermanos de la vida. Gracias también a mis musas, todas preciosas; a los que creen en mí como creo yo en ellos, y a los que junto a mí navegan en este cocodrilo verde en busca de sueños cada vez más altos sin perder, ni siquiera un instante, la fe, la esperanza y la alegría de vivir.

En fin, gracias a todos.

José Fuster. 5 de agosto del 2005

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