Críticas y Escritos

— especial para Granma international
— FOTOS: CORTESIA DEL ARTISTA

Hace más de treinta años José Fuster (Caibarien, 1946) apostó por las artes plásticas y desde entonces nació una fuerte historia de amor en la que la pintura y la cerámica —sin rivalizar entre sí— lo han hecho un ser abierto, ocurrente, ingenioso, apasionado, simple en su complejidad. Así también es su obra.

Mis versos del alma es el título que el artista eligió para una muestra personal inaugurada en la Galería de Arte de Colon, municipio de la provincia cubana de Matanzas, a unos cien kilometres de La Habana.

La exposición consta de óleos, acuarelas y collage e incluye lo último en lo que está incursionando que no es más que la continuación de su propio trabajo. "Escoger Colon es tan importante como cualquier lugar del mundo y estoy muy motivado porque me interesa todo lo que tenga que ver con el entorno y el hombre".

Este julio el artista viaja hacia Estrasburgo, Francia, con una exposición de cerámica (platos y azulejos); mientras que Mis versos del alma podrá apreciarse en octubre en el Centra cubano de Estudios en New York y en la Universidad de Rogers, en New Jersey. En ambas plazas es conocida la obra del artista gracias al documental del realizador estadounidense Mark Sorenson Fuster el Picasso del Caribe, estrenado el pasado año.

Sin duda uno de los grandes méritos de este artista es haber fundado —junto al maestro Alfredo Sosabravo, Julia González y Reynaldo Calvo— la llamada nueva cerámica en Cuba, movimiento que con el paso del tiempo ha sido reconocido. Muchas de las piezas correspondientes a ese período se encuentran hoy en el Museo Nacional de la Cerámica Artística, ubicado en el Castillo de la Real Fuerza, en el Centro Histórico de la Ciudad de La Habana.

Cada artista posee su propia manera de hacer y parece que Fuster no tiene preferencia por ninguna técnica en particular: Todo lo que comienzo lo termino. Cuando concluyo una pieza salto a otra y no me detengo a pensar si es un lienzo o una cerámica. Creo que soy coherente y en todas me expreso de la misma manera".

¿Temas?
"El hombre, la alegría y su derecho a vivir. Siempre he tratado los temas campesinos; del hombre en su relación con la naturaleza, los animales, las vacas, los gallos, los caballos... En mi juventud pase un tiempo en la Sierra Maestra donde fui a alfabetizar. Ese mundo exuberante, maravilloso de las montanas cubanas, me marcó de una manera tremenda".

¿Exceso de color en su pintura?
"No diría exceso de color, lo que sucede es que el trópico es muy esplendido y en nuestro país la gama es diversa. Se ven los colores prácticamente puros; los amarillos los veo intensos, los verdes, también. Lo que hago es plasmarlos y representarlos con imágenes artísticas en las telas, en los lienzos, en los papeles y en la cerámica. El color para los cubanos se manifiesta en casi todas las cosas. A veces hasta en la manera de vestirnos, por eso digo que forma parte de nuestra idiosincrasia".

¿Motivos como creador?
"Utilizo asociaciones simbólicas. Por ejemplo, el gallo equivale a machismo, el Sol significa color... mi gran temática es Cuba, el hombre, los asuntos cotidianos. Una vez refleje las micro-brigadas, ahora a la gente en bicicleta. El tema recurrente en mi obra es muy picassiano, es la alegría de vivir, es el hecho de sobreponerse a todo".

¿Hasta que punto la cerámica ha influido en su pintura y viceversa?
"He sido pintor y ceramista y ceramista y pintor. No siento ninguna discriminación ni creo en lo relativo a arte menor o mayor. Uno trabaja honradamente para la cultura en general".

¿Considera que ha transitado por varias etapas?
"He tenido, como muchos artistas, varios momentos. En la década del sesenta hasta mediados de los ochenta me consagré plenamente a la cerámica. En ese periodo participé como ceramista en muchas cosas importantes; hice obras sociales —por ejemplo en hospitales como el CIMEQ y el Hermanos Ameijeiras—, pero fundamentalmente laboré para hacer de la cerámica una manifestación importante dentro de las artes plásticas. Intenté que no quedara como un arte menospreciado sino como verdadero. En 1987 en la Galería de La Habana se inauguró una muestra titulada La Ciudad y considero que esa exposición marcó un camino. Después ese trabajo lo repetí en otros lugares.

¿Cerámica en Cuba hoy?
"Marcha bien a pesar de la situación económica. Cada día hay más ceramistas y de gran calidad. Eso se puede constatar en los salones que periódicamente organiza el Museo de la Cerámica. Existe una juventud arrolladora cuyas propuestas son muy interesantes tanto por el conocimiento de la técnica como por el concepto".

¿Feliz del camino que asumió?

"Puedo morirme mañana, estoy feliz; tengo mi conciencia tranquila, he hecho mi labor con pasión. Creo en las cosas que he realizado hasta ahora y estoy contento"

¿Humor en su obra?

"El humor es todo y lo reflejo desde el sol que se puede reír hasta los mismos personajes. El humor está en los cubanos, está aquí, y la gente hace chistes y se ríe hasta de ellos mismos. Así somos"

¿Por qué Jaimanitas?

"No soy habanero ciento por ciento. Nací en Caibarién que es un pueblito costero de la provincia de Villa Clara ubicado en el centra de la Isla. Por cosas de la vida fui de costa a costa cuando mis padres se radicaron en Santa Fe. Ahí viví durante mucho tiempo y un buen día encontré un lugar en Jaimanitas, que me llegó a seducir; puse mi bandera y empecé a hacer cerámicas. Eso fue en el año 1975. Desde entonces vivo aquí. Es un sitio cerca del mar, igual que el caserío en que nací, es un poblado bonito y sus gentes son muy hospitalarias.

¿En qué ha convertido su casa?

"En el espacio en que me gusta vivir. Hay que tener una mesa para sentarse, un horno para cocinar, un lugarcito para soñar. Uno lo va diseñando a su gusto y si ve que los vecinos reconocen la obra, a uno le entra e! deseo de alegrarle la vida a los demás. Estoy rediseñando la calle donde vivo las fachadas de las casas aledañas... no puedo ser egoísta El arte debe multiplicarse y servir a todos"

Pero esta casa, ¿se ha convertido en una suerte de templo a lo Fuster?

"Sí, es mi galería y debo ser consecuente conmigo mismo. El exponer lo que hago me hace sentir bien y eso es lo importante. Lo mismo que hice dentro lo estoy tratando de hacer en la calle. A cada una de las entradas de las casas de mis vecinos le pongo mis cinco sentidos y las voy transformando de acuerdo con sus características; eso los hace cómplices y yo me siento agradecido porque permiten que mi arte este con ellos. No es lo mismo tener una pintura en una sala que enclavar una obra en la calle donde cientos de personas pasan y se detienen a contemplarla.

¿No se corre el riesgo de que esas obras que están en la calle sean dañadas?

"Riesgo se corre en todo, pero quien no se arriesga ni gana ni pierde. Yo apelo a la conciencia y creo en el ser humano. Es interesante cómo las personas adultas les explican a los niños la importancia de cuidar. Cuando esos pequeños crezcan tendrán otro tipo de percepción. Si viene un ciclón y daña la obra, pues la vuelvo a hacer. Contra viento y marea he tratado de hacer lo que he querido. Lo primero que realicé fue una especie de muestra-catálogo de mi obra y la puse en la entrada. Muchos estuvieron en contra de esa idea porque me decían que iban a romper la cerámica, etc. La cuestión es que hace años están colocadas. Me han respetado. Existen piezas antológicas, hechas hace cerca treinta años y que en un momento fueron patrimonio del Museo; decidí, a todo riesgo, emplazarlas y la gente me ha hecho quedar muy bien".

¿En qué momento de su vida artística considera que se encuentra?

"Hay quienes dicen que he dejado la cerámica y que me dedico más a la pintura. No es cierto. Lo que sucede es que me he multiplicado. Ahora pinto más y hago más cerámica. Estoy enfrascado en el proyecto de mi estudio-taller en el cual llevo años trabajando. Toda la cerámica que he hecho en mi vida la he ido aplicando a mi casa".

Me comentaron que recientemente se inauguró un sitio que se ha convertido en punto de reunión de los pobladores de la comunidad.

"En este momento tengo una especie de micro parque; un lugar que he creado para que se juegue al ajedrez. Allí hay una mesa en cerámica —está a la intemperie— y un trono como si fuera de oro para sentarse, también un caballo que representa una pieza del ajedrez y un letrero que yo mismo me atreví a poner que dice: 'en el ajedrez sólo hay una jugada: la mejor'."

¿Y cuál es la mejor jugada de Fuster?

"Creer en las gentes, confiar en las personas, hacer arte para mi pueblo, sentirme parte; esa es mi gran jugada"

¿Interesado en participar en algún proyecto que salga de Jaimanitas?

"Interesado en estar en todas partes. Aunque confieso que quiero hacer mucho más aquí, pero si me invitan a colaborar por ejemplo, en un mural contra la guerra, voy corriendo porque soy amigo de la paz. Nunca voy a rehuir el combate y estoy a favor de todo lo que se haga en beneficio de la cultura"

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